La responsabilidad de ser padres
El Código Civil en su libro I, título VII, capítulo primero, artículo 154 nos dice:
"La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica.
Esta potestad comprende los siguientes deberes y facultades:
1.º Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.
2.º Representarlos y administrar sus bienes.
Si los hijos tuvieren suficiente juicio deberán ser oídos siempre antes de adoptar decisiones que les afecten. Los padres podrán, en el ejercicio de su potestad, recabar el auxilio de la autoridad."
Realmente son pocas cosas pero no sé si todos estamos preparados para llevarlas a cabo. En ocasiones cuando veo algunas situaciones creo que no. Y en otras, siento que no se entiende bien la responsabilidad que se nos pide.
Ultimamente oimos noticias que desgraciadamente nos hacen dudar de que todos los padres entienden sus obligaciones como tales y uno se cuestiona que de alguna manera no sabe si está haciendo lo correcto. Pero no tenemos que irnos a casos trágicos como el fallecimiento de menores por consumo de alcohol, o situaciones en las que cuando los padres se han dado cuenta del riesgo que corren sus hijos es demasiado tarde. Cada día vivimos situaciones en las que por encima del bienestar de nuestro hijos anteponemos nuestras prioridades o nuestras luchas personales (en la mayoría de los casos de divorcio cuanto se usa a los hijos sin tener en cuenta su bienestar). Nuestra primera tarea como padres es velar por ellos. Eso que parece fácil de entender cuando uno se pasa las noches en blanco cuando de pequeños están enfermos, o cuando son mayores y comienzan las salidas nocturnas, quizás no es tan sencillo cuando se trata de otros riesgos y peligros: los que se encuentran en la presión de grupo cuando son adolescentes, los de las redes sociales cuando les damos un móvil, y algunas otras. No se trata de buscar culpables en otro sitio cuando vemos que hemos fallado en nuestra tarea de velar por ellos, estar con ellos y educarlos. Se trata de revisar nuestra responsabiliadad y volver a ponerla en valor.
Es muy fácil echar balones fuera y tratar de buscar culpables: si salen de botellón los culpables son las malas companías; si no estudian, los profesores que no les motivan lo suficiente; si se relacionan en las redes sociales, insultando, apartando u ofendiendo a otros, la culpa es de internet (así me dijo una madre en una ocasión).
También nos recuerda el código civil que si "los hijos tuvieran suficiente juicio" deberíamos escucharles antes de tomar decisiones que les afecten. No dice que debamos hacer lo que ellos nos dicen, ni que debamos tomar en la misma medida lo que nos diga un niño de 4 años que claramente aún no puede tener juicio suficiente que lo que nos diga un adolescente de 14. Por tanto, seamos padres responsables y tomemos las decisiones que tengamos que tomar, escuchándo a nuestros hijos si tienen edad para ello pero no dejando que decidan por nosotros o impongan sus creencias.
Nosotros, los padres, somos los principales responsables de la felicicidad de nuestros hijos, de su educación y bienestar, pero en ocasiones olvidamos lo que implica. Esto no significa que no nos equivoquemos, cometamos errores o la vida nos lleve a tomar decisiones no siempre acertadas con respecto a ellos. Somos humanos y tener claro nuestro objetivo no evita que fallemos. Pero no podemos tapar nuestra responsabilidad mirando hacia otro lado.
Somos padres y lo que nos da fuerzas siempre para seguir, para acompañarles en su crecimiento y en la construcción de su proyecto de vida, es el Amor. Ese que es lo primero que sentimos cuando aparecen en nuestras vidas, antes incluso de nacer. Ese que todo lo vence, todo lo cree y todo lo soporta. Ese amor que nunca acaba. Seamos padres amorosos y responsables.

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