Educar en los límites y las normas, y también en el sentido crítico
Vivimos un momento en el que nos llegan noticias de personas públicas y que ostentan cierto poder y protagonismo que se saltan las leyes, las normas, los límites que nos hemos impuesto como sociedad. Estas normas se han ido trabajando para poder convivir mejor, para que tengamos una sociedad más justa. Normas que regulan los impuestos, la circulación de personas, de bienes, que organizan nuestras instituciones, los organismo internacionales, ... Nos pueden parecer a cada uno más o menos justas, más o menos acordes con nuestros propios valores e ideales, pero todos las aceptamos y nos sometemos a ellas para vivir en comunidad.
Al tener tantos ejemplos de personas conocidas y relevantes, de cargos públicos, que se saltan las normas y se justifican de la manera más burda, ¿qué modelo estamos dando a otros, a los jóvenes y niños que aún se están formando? Claramente les decimos que si las normas no nos gustan o no nos parecen justas podemos saltárnoslas. Así estamos educando a toda una generación a creerse en posesión de la verdad y elegir qué debo o no debo cumplir, que normas debo o no acatar según mis propios criterios.
De la misma manera que criticamos a Bárcenas o Urdangarín por evadir impuestos y saltarse las normas, queriendo que se les castigue por ello y así otros vean que nadie puede situarse por encima del bien y del mal, si ese mismo escaqueo lo hacemos en un ámbito más cotidiano, nos nos parece tan mal. De la misma forma que pensamos que algunos políticos no pueden saltarse las normas del estado para ganar votos y simpatías en sus regiones, excusamos a nuestros hijos cuando se saltan las normas del colegio al que asisten, o aún peor, les incitamos a saltárselas.
Toda esta reflexión la hago a raíz de varias situaciones que me encuentro últimamente con más frecuencia de la que debiera en mi labor docente, y que se ha culminado con el asunto de la huelga de deberes que convocaron recientemente algunas organizaciones de padres de alumnos. Es lamentable ver como alguno padres de alumnos que se elevan como defensores de las normas, de la convivencia y de una educación con límites, se justifican hasta el infinito cuando es a sus hijos a los que se les impone una sanción por saltárselas dentro del colegio. Es increíble como tachan de chiquilladas y asuntos sin importancia los insultos a través de las redes sociales, las faltas de respeto entre ellos o a profesores, o incluso, el sentarse en el borde de una ventana en un 4º piso. Cuando llega el momento de sancionar estos comportamientos, de hacer ver que la elección que en ocasiones hacemos tiene consecuencias que nos muestran que no es el camino correcto, muchos padres dan un paso atrás en la acción de educar en la responsabilidad, y justifican a los niños, los protegen, les tratan de evitar las consecuencias de sus actos y echan la culpa de todo a los otros: al colegio, a los profesores, a las normas, ... . Elevan su voz en protesta enérgica manteniendo que ellos quieren colaborar pero todo es injusto. Permitidme que no juzgue a las personas pero sí las acciones.
Otro exponente de este asunto ha sido la convocatoria reciente de una "huelga de deberes" en la que organizaciones de padres juzgaban inoportuno que sus hijos hicieran deberes por lo que les estabn diciendo a sus hijos es que podían no hacer lo que el profesor les había dicho. Inculcaron a sus hijos saltarse la autoridad del profesor. Parece que algunos padres en lugar de dialogar y buscar junto a los profesores un camino en la educación de los hijos, buscan enfrentarse y enseñar con esto a los hijos que cuando uno lo juzga oportuno, puede saltarse las normas. Gran error: educando a nuestros hijos a saltarse las normas porque las creemos injustas o no son acordes a los valores en los que nosotros creemos, les mostramos el camino para saltarse las que nosotros como padres les pongamos. ¿Con qué autoridad le diré a mi hija que debe hacer su cama cada día, si también le digo que la tarea que su profesor le manda puede no hacerla? Esto no significa que no debamos enseñarles a tener sentido crítico, a luchar contra aquello que nos parece injusto, que hace que nuestro mundo sea menos humano, pero este necesario sentido crítico debe construirse desde el respeto a las normas y leyes, y debe lucharse por lo que creemos justo desde las vías que nosotros mismo nos hemos dado como sociedad. Igualmente no debemos tener una doble moral: cuando somos nosotros los que nos saltamos las normas no somos mejores que cuando se las salta el de al lado.
Enseñemos a nuestros hijos el respeto por las normas, aunque no nos convenzan, y mostrémosles el camino de la responsabilidad, que sean conscientes de que las elecciones que hacen tiene consecuencias . No seamos paternalistas o nos encontraremos lo que cada vez más tenemos: una sociedad infantil donde se defiende el derecho a vivir como a cada uno le de la gana sin importarle los otros ni las normas que nos ayudan a convivir, y unos niños y jóvenes tan protegidos que son incapaces de enfrentarse a nada por sí solos. Eduquemos a nuestros hijos a ser críticos, pero primero a ser responsables.


Aplausos, Gloria, se puede decir más alto, pero no más claro! Mucho éxito con tu blog!!
ResponderEliminarEstoy totalmente de acuerdo contigo.
ResponderEliminarMuy de acuerdo. Tal como nos educaron a nosotros y agradezco.
ResponderEliminarMuy de acuerdo. Tal como nos educaron a nosotros y agradezco.
ResponderEliminarAbsolutamente de acuerdo contigo!! Aprendemos imitando, enseñemos a las generaciones venideras cómo respetar las normas respetándolas, en la escuela y fuera de ella.
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