Lo que aprendimos en confinamiento
Parece ir llegando el momento que esperábamos cuando todo empezó. No, no vamos a decir que esto está llegando a su fin porque no es así, pero sí podemos decir que llega esa "nueva normalidad" de la que se habla y a la que yo prefiero llamar "el después". Porque creo que hay un antes y un después de la crisis mundial sanitaria que vivimos, que todavía seguimos viviendo. Creo que hubo un antes y hay un después. Pero no soy de los que piensa que esto nos hará más fuertes como humanidad, o nos hará mejores. Creo que los que ya eran buenos seguirán siéndolo y darán aún más la cara. Creo que ha habido grandes lecciones de entrega y servicio que nos han dado muchos que debemos aprender. Creo que hemos podido sentir la Naturaleza como nunca y eso no debemos olvidarlo. Pero también creo que muchos saldrán muy heridos de un tiempo en el que hemos perdido muchas vidas, muchos seres queridos se han ido solos, sin despedida. Creo que se hará necesario un tiempo para la reparación de tanto dolor, de tanta soledad y de tanto sufrimiento.
Así como no creo que seamos tan capaces de cambiar como algunos piensan, sí creo que podemos aprender algunas cosas. Yo siempre he creído en el aprendizaje y en el crecimiento personal que eso implica. Aquí me atrevo a compartir lo que creo que hemos tenido oportunidad de aprender en este tiempo de parón, de interior, y de presente.
-No somos invulnerables, sino débiles. Un pequeño organismo, de los más simples a los que la naturaleza puede dar vida, nos ha doblegado. Un pequeño virus, ha parado nuestras vidas de repente y nos ha cercado, como sitiaban los ejércitos a las poblaciones en tiempo de guerra. Creíamos que podíamos alcanzar lo inalcanzable y nos habíamos creído casi invencibles. Hemos aprendido que no lo somos y por eso quizás seamos capaces a partir de ahora de mirar con otros ojos a los más débiles entre nosotros. Quizás seamos capaces de coger de la mano a cualquier ser humano y mirarnos desde nuestra vulnerabilidad y levantarnos unidos.
-Necesitamos cuidarnos unos a otros, sobre todo cuidar de aquellos que han estado cuidándonos en lo más duro de la pandemia, los sanitarios. Necesitamos defender la salud, cuidarla, atenderla, y hacerla extensiva a todos los seres humanos, no descartar a nadie en este asunto. La salud de unos repercute en el resto, no somos islas. Caminemos para cuidar de todos, de los de aquí, y de los de allí.
-Necesitamos a los demás, no somos mucho sin una comunidad que nos sostenga, y necesitamos a todos y cada uno, incluso a aquellos que nos eran invisibles. Nunca como ahora habíamos visto la necesidad del que se dedica a la limpieza, del repartidor, del cajero de supermercado o del reponedor, del transportista,... De todos los que son tan necesarios pero a los que no vemos en el ruido de los demás. Pero ahora en el silencio de la soledad y la necesidad, los hemos oido. Ellos también nos han sujetado en este tiempo. No dejemos de sujetarlos después.
-Debemos crecer en resiliencia y necesitamos ayudar a crecer a nuestros niños en resiliencia. Nunca antes habíamos sentido tanta necesidad de adaptarnos a lo que iba sucediendo, de no venirnos abajo a las primeras o segundas de cambio. Quizás la mayoría no habíamos tenido que vivir experiencias vitales que nos hubieran ido doblando pero no rompiendo, pero esta, sí ha podido hacerlo. Vivimos duras situaciones de enfermedad, de crisis económica, de soledad, de miedo, de dolor por muchas cosas. Si somos capaces de poner a todo esto lo mejor de nosotros y sobre todo seguir creciendo a pesar de ello, lo conseguiremos.
-Nuestro sentido de la familia va más allá de las personas más cercanas, padres, hijos. En este tiempo nos hemos preocupado por muchos familiares más lejanos, por los amigos, y sus familias, por nuestros vecinos, sobre todo por los más mayores y por lo que pudieran necesitar. Hemos estado pendientes de aquellos que tenían familiares enfermos, de gente que estaba lejos pero con la que habíamos tenido en algún momentos de nuestras vidas una conexión emocional. Hemos vivido pendientes de esas redes sociales que hemos creado a lo largo de nuestras vidas y que a veces no cuidábamos por estar demasiado pendientes de nosotros mismos. Y la tecnología, a veces denostada en el ámbito de las relaciones personales, nos ha unido y nos ha ayudado a hacer más llevadero este tiempo de aislamiento.
Pero si reviso en mi interior, el mayor aprendizaje que creo que hemos construido en este tiempo es algo que ya sabíamos pero que no tenemos muy presente en nuestra vida a diario. Yo lo he tenido claro siempre pero ojalá además lo lleváramos a cabo en el día a día. Debemos aprender que nuestra vida no tiene otro propósito que el servicio. Alguien lo resumió de manera preciosa con la frase "si no vivimos para servir, no servimos para vivir". Así es; nos debemos a los demás, si no nuestra vida no sirve de mucho, ni a nuestra comunidad, ni a la humanidad, ni a nosotros mismos.

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