No hay mejor aprendizaje que viajar
Ahora que ya hemos vuelto de nuevo a la rutina cotidiana, y pronto comenzará el otoño a hacer los días más cortos, voy a compartir con vosotros lo que para mí es la mejor experiencia de aprendizaje de todas: viajar.
El verano por sus cálidos y largos días es el tiempo que todos preferimos para viajar. Los viajes podemos hacerlos por trabajo, por visitar a nuestros seres queridos, o podemos hacerlos por el placer de buscar nuevos paisajes y gentes. A nosotros nos encanta viajar, y les hemos contagiado a nuestras hijas ese gusto por conocer cosas nuevas, encontrar lugares llenos de belleza, de cultura, de historia, ... . Viajar nos construye como personas porque somos en gran parte lo que leemos, lo que escuchamos, lo que admiramos, lo que viajamos. Nos vamos construyendo aprendiendo pequeñas y grandes cosas de cada situación nueva que vivimos, de cada lugar nuevo que vemos, de cada persona diferente que encontramos en el camino. Algunos encontrarán placer en viajar para descubrir la maravillosa naturaleza de nuestro planeta; otros, disfrutarán de la riqueza cultural de los museos, las construcciones, las iglesias; otros buscarán descubrir nuevas sensaciones, aventuras y actividades. Para algunos será importante viajar en pareja, en familia o con amigos. Otros emprenderán la aventura de viajar incluso solos. Seguro que todos volverán a sus lugares de origen distintos, con el corazón lleno de nombres y experiencias.
Yo siempre he pensado que viajar con mis hijas era uno de los mejores regalos que les podía hacer. Y así creo que ellas lo han sentido porque ahora les encanta y parte del dinero que ellas tienen buscan destinarlo a una hucha que después de mucho tiempo se transformará en un viaje. Eso es lo que nos ha pasado este verano. Muchos sólo verán dificultades en viajar con niños o adolescentes, pero realmente es el mejor regalo que creemos que podemos darles a nuestras hijas como parte de su educación. Nosotros, desde que eran muy pequeñas, hemos ido disfrutando con ellas de cada viaje, asombrándonos con ellas de lo que descubríamos juntos. A los 5 años ya nos las llevamos un par de días a Venecia y fue una experiencia estupenda que nos llevó a algunas otras. Este verano, después de vaciar una hucha de 3 años de edad, hemos realizado un viaje muy especial con el que llevábamos soñando hace tiempo por algunos de los Parques Nacionales de la costa oeste de Estados Unidos. Por muchas razones esta ha sido una experiencia mayor que otras de crecimiento, de aprendizaje, y de disfrute. Quizás por lo distinto de los paisajes, las gentes y las costumbres que hemos vivido. Quizás porque además lo hemos realizado en grupo con amigos y la convivencia entre nosotros también ha sido fuente de disfrute y aprendizaje. Quizás porque estábamos cumpliendo un sueño largamente soñado. Sea por lo que fuere, hemos vuelto distintos, con el corazón lleno de nombres, de alegría, de momentos que nos han emocionado y lugares que hemos admirado. Hemos vuelto con el corazón lleno y agradecido por aquello que hemos descubierto, juntos.


Preciosa la entrada, por muy bella que sea la naturaleza, los monumentos, las aventuras, mis recuerdos de cada uno de los países en los que he estado tienen nombres, cara, me han acogido, abrazado y por muy diferentes que la gente piense que son allá donde he ido solo he encontrado buenas personas que solo quieren ser felices con lo que la vida les ha dado, sacar a sus hijos adelante y sonreirte.
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