Elección de colegio: qué buscar
Cuando llega este momento del año, todas las miradas de los que son padres y deben comenzar la escolaridad obligatoria o preobligatoria, se vuelven hacia los colegios. La edad de escolaridad obligatoria en España va desde los 6 hasta los 16 años, aunque están prácticamente escolarizados el 100% de los niños desde los 3. Durante ese periodo de tiempo queremos que nuestros hijos se desarrollen como personas en un entorno seguro, que además sea un lugar que colabore con nuestra tarea educadora entendiéndola de una forma similar a lo que nosotros pensamos.
En estos últimos tiempos han proliferado las ferias para conocer colegios, y las plataformas que posibilitan la información que demandan las familias acerca del funcionamiento e ideario de los centros. Todo ello es signo del interés que suscita elegir entre la multitud de opciones que el mercado nos ofrece, y de la necesidad de controlar lo que rodee el entorno de nuestros hijos (amigos, ambiente, ...). Si miramos 30 años atrás, somos conscientes de que la elección de colegio para nuestros hijos era más sencilla: o les llevábamos donde nosotros habíamos estudiado si teníamos una experiencia positiva de ese colegio, o al que estuviera más próximo a nuestra casa sobretodo en las ciudades más grandes porque siendo pequeños el desplazamiento que tienen que realizar nuestros hijos es importante. En cambio ahora tenemos mucha información y un acceso fácil a ella por lo que tratamos de buscar lo que se ajuste más a lo que queremos para nuestros hijos.
Pero ¿qué buscamos?. Cada uno busca según su propia escala de valores que es muy personal y que puede variar también en el tiempo y según nuestras necesidades y vivencias. Algunos valores como elegir o no una enseñanza religiosa, o católica en concreto pueden no variar, pero algunas otras cosas, si. Por eso creo que lo primero es tener claro los valores en los que vamos a educar a nuestros hijos y no engañarnos, ser coherentes. No hay nada peor en educación que decir una cosa y hacer la contraria, porque nuestros hijos no son capaces de crecer pensando en que las cosas son válidas sólo a veces, y no podrán construir sus propios valores si piensan que son como los de Groucho: "estos son mis valores, pero si no le gustan tengo otros". Por ejemplo, si creemos firmemente en la diversidad como valor, también lo tendremos que defender cuando en el aula mi hijo tenga un compañero con dificultades de atención, de conducta, de aprendizaje, motrices o con cualquier otro trastorno del desarrollo, y no sea todo tan fácil. En ese caso, tendré que ser consecuente con dicho valor y tratar de explicarte a mi hijo que su amigo es diferente y algunas de las cosas que hace las hace porque aprende distinto que él. Si no, mejor no busquemos un centro de integración para nuestros hijos, aunque quizás en algún momento lo necesitemos. Si para nosotros es fundamental crecer aprendiendo desde pequeños otros idiomas en un mundo tan globalizado como el que tenemos, buscaremos un colegio plurilingüe o al menos bilingüe. Pero seamos consecuentes y cuando veamos que el nivel de conocimientos que adquiere no es el que buscamos, o su forma de expresarse de forma escrita o verbal en su lengua materna es deficiente, seamos capaces de asumir la consecuencia de esta elección.
Está claro que cuando realicemos nuestra elección todo lo que está en el ideario de un centro, en sus metodologías, en su reglamento de régimen interno o incluso en su oferta educativa, nos va a gustar al 100% (no nos pasa ni con nuestra pareja ni con nuestros amigos que también los elegimos), pero debería acercarse mucho. Desde luego lo que no nos guste no puede ser motivo de discrepancia trasladada de forma explícita o implícita a nuestros hijos porque en ese caso no hacemos nada más que minar la autoridad del centro y del profesor, y haciéndolo, estamos minando la autoridad de todas aquellas figuras que la tienen ante nuestros hijos, incluso la nuestra. No es raro, si es así, que luego en la adolescencia no seamos figuras de autoridad para ellos.
Otra cuestión importante es que los centros puede ser que no se ajusten a lo que cada uno de nuestros hijos independientemente necesita, aunque al principio al menos, nuestra preferencia es escolarizarlos a todos juntos. Puede suceder que según van creciendo nuestros hijos, las necesidades de cada uno sean diferentes y uno necesite más atención y un centro más familiar y pequeño, y en cambio otro se desenvuelva mejor en un centro grande que desarrolle desde muy temprano su autonomía. Por otro lado también el colegio es un lugar de socialización y en muchos casos, muchas de las amistades que les acompañen a lo largo de su vida se formarán en el colegio. Todas estas son cuestiones a tener muy en cuenta en el momento de la elección. Desde luego que si queremos que nuestros hijos se formen en un ambiente de respeto, de poner en el centro a la persona y aceptarla como es, de afecto, y de acompañamiento en su proyecto de vida consiguiendo de cada uno lo mejor que puede dar, los idiomas, las instalaciones o las metodologías, serán algo secundario. No os dejéis engañar, no existe el centro que cumple todas nuestras expectativas, pero sí el que tiene lo que para vosotros es de verdad importante.
Elegir colegio es una tarea muy importante de los padres pero debemos plantearnos más allá de metodologías, innovación, grandes instalaciones o inclinaciones religiosas, los valores que de verdad nos mueven y en los que queremos educar a nuestros hijos. El colegio nos ayudará a hacerlo pero sólo es un colaborador en esa tarea que es nuestra, y además nos exigirá un esfuerzo personal de coherencia, a veces, difícil.

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