#Menoresniunagota
Con esta frase tan publicitaria, se enmarca la campaña que la Federación Española de Bebidas Espirituosas (FEBE) y el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad iniciaron ya hace algún tiempo para concienciar a padres, educadores y adolescentes de que no debe producirse consumo de alcohol en menores. Las estadísticas del año 2017 nos dicen que la edad media de inicio de los jóvenes en el consumo del alcohol es de 13,6 años, una edad en que los adolescentes ni siquiera han finalizado su proceso de crecimiento y madurez cerebral. Es cierto que su consumo es menor que el del tabaco, pero al contrario de éste, que ha reducido el porcentaje de adolescentes que lo consumen, en el alcohol ha ido aumentando, sobre todo en el caso de ellas.
¿Porqué nuestros hijos y alumnos sienten la necesidad de iniciarse a tan temprana edad en el consumo del alcohol?
Entre otras cosas porque la adolescencia es una época vital en la que se dan conductas de riesgo en los jóvenes: no tienen conciencia del peligro ni de las consecuencias de sus actos en muchas ocasiones. Tampoco escuchan a los adultos que les rodean si la presión del grupo les lleva a consumir alcohol o la sensación de desinhibición que les va a proporcionar el alcohol les sirve para otros fines como acercarse a esa chica o chico que les gusta.
¿Cómo reaccionar ante la sospecha de que nuestros hijos o alumnos están bebiendo, o en su entorno se producen borracheras de fin de semana?
Como para casi todo no hay otra receta que el diálogo. Y tampoco otro método que habituarles al diálogo desde pequeños. En la adolescencia no podemos improvisar, es el momento en que lo que no se ha trabajado en la relación con los hijos antes, no funciona. Por ello es importante dialogar con nuestros hijos sin juzgar desde pequeños, tratar de explicar nuestras creencias y valores, razonar las normas. La confianza se ha de trabajar desde muy pronto en la infancia, y es fundamental que se sientan queridos incondicionalmente. No los queremos si son buenos y se portan bien, les amamos porque son ellos, pero no nos gusta que se porten mal o hagan cosas que les hacen daño a sí mismos o vulneran las normas que hemos puesto.
¿Cómo podemos evitar estas conductas nocivas y de riesgo en la adolescencia?
Reforzando y construyendo hábitos saludables en ellos, actividades deportivas, de equipo, actividades en la naturaleza, construyendo planes en familia u ofreciendo que los compartan con los amigos (ir al cine, a ver un espectáculo, un encuentro de mi ciudad, ...). Es importante también que hayamos trabajado la autoestima en nuestros hijos y alumnos desde pequeños, y la asertividad. Dos valores muy importantes como bagaje personal en la adolescencia para protegerse de la presión de grupo y dejarse llevar, para ser capaz de decir con seguridad lo que ellos quieren.
Muchos padres en algún momento sucumben a la tentación de tratar de controlar también esto en sus hijos: prefiero que vengan a casa con los amigos y lo tomen aquí (en un ambiente controlado y más seguro que la calle, desde luego). Pero ¿qué mensaje estamos dando a nuestros hijos si actuamos así?. ¿Las normas se pueden "rodear" o saltar si lo creemos conveniente, y darles alcohol a menores desde la figura de referencia que somos para ellos?. Si mis padres, que me quieren y en quien confío me dan alcohol, ¿qué hay de malo en ello?. Tampoco miremos para otro lado pensando, "mi hijo nunca va a probar alcohol o se va a ver en la circunstancia de estar en un grupo donde le animen a hacerlo". No hagamos dejación de nuestras funciones y acompañemos a nuestros hijos en su crecimiento de manera saludable y responsable. Cuidemos mucho lo que decimos con nuestros actos más que con nuestras palabras. Menores, ni una gota.


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