La vida es cambio
La vida está llena de cambios. El paso del tiempo hace que nada sea inmutable pero además vivimos en sociedad, lo que introduce muchas variantes y cambios en nuestras vidas. Muchos pensadores actuales también reivindican esta como una era histórica en la que los cambios se producen de hecho más rápidamente para todos hasta el punto que existen corrientes que tratan de minimizarlo en lo que ahora se llama "slow life". Nos encanta etiquetar los cambios, como casi todo, como buenos o malos, sin darnos cuenta de que los cambios sólo son eso, situaciones distintas a las que enfrentarnos. A veces son más fáciles de asimilar y otras menos, a veces nos van a traer más alegría y otras no, pero están ahí.
En concreto hoy quiero hablar de los cambios que vivimos en estos días de comienzo de un nuevo curso escolar, y que están relacionados con nuestros hijos y la educación que les proporcionamos. Muchos comenzarán en un colegio nuevo, otros cambiarán de etapa escolar, algunos de clase, o de compañeros, y seguro que de profesores y aulas. Pero no a todos les habremos proporcionados las herramientas necesarias para encajar todos esos cambios en sus vidas como un paso más en su proceso de crecimiento. Educamos a los niños en cómo relacionarse con otros, en cómo interpretar sus sentimientos (en otro momento me encantará hablar de la educación emocional), en cómo enfrentarse a situaciones concretas, ... pero no sé hasta que punto los educamos para entender los cambios como parte de la vida y saber encajarlos en su día a día.
Constantemente he tenido que vivir una situación que os sonará: un niño o adolescente se encuentra que al comenzar el curso no está ya con tal amigo o tal profesor y "sufre" por ello y los padres en muchos casos tratan de resolver el asunto antes de que el niño pueda "pasarlo mal" por ello. En caso de que no busquen resolverlo, muchos también dan la razón a su hijo haciéndoles entender ese cambio como algo negativo que deben soportar. Es muy cierto que la experiencia en el colegio, sobre todo la primera impresión, debe ser positiva para crear lazos afectivos que ayuden a construir el aprendizaje de los niños. Pero eso no debe impedir construir otras oportunidades de aprender. Debemos aprovechar estas y otras circunstancias vitales como una oportunidad de ayudarles a crecer. Debemos evitar inculcarles miedos que en la mayoría de las ocasiones son nuestros y no suyos. El miedo a lo desconocido debe cambiarse por la alegría de la novedad y el descubrimiento. Es la mejor oportunidad para ayudarles a construir ese pequeño esfuerzo que hay que vencer para aceptar un cambio y asumirlo como una oportunidad de encontrarnos con algo nuevos: amigos, compañeros, lugares, situaciones, ... y saber buscar recursos para crecer con ellos.
Propongámonos en este nuevo curso que nos ofrece muchos cambios, educar a nuestros hijos y alumnos en cambiar los miedos por oportunidades, en aceptar los cambios y vivirlas como nuevas situaciones que nos ayudarán a crecer y ser mejores.

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