Vuelta al cole (II)
Este curso hemos comenzado con muchas ganas de ser cada vez mejores. Yo lo he plasmado en una frase que he repetido a personal del centro, alumnos y familias y que creo que de verdad ha ido calando: Somos el mejor colegio del mundo mundial. Ahora que ya ha pasado un trimestre podemos caer a veces en el desánimo, y las dificultades que nos va deparando la vida pueden vencernos en ocasiones. A pesar de ello sigo pensando y repitiendo que "somos el mejor colegio del mundo mundial". No quiero decir con ello que quiera menospreciar a otros, su trabajo y su ilusión, ni que quiera competir con otros centros que pueden tener excelentes alumnos y magníficos resultados. Tampoco es que debajo de esta frase haya un ranking académico o una lista de los 100 mejores. Nosotros no pretendemos eso.
Debajo de esa frase hay una creencia firme en que nuestra ilusión y la dedicación por lo que hacemos, nuestro trabajo entregado más allá de las leyes que nos rigen o de los horarios laborales, el cariño de nuestros alumnos, su sentido de pertenencia y el sentirse en su casa, hacen del nuestro el mejor lugar para crecer y formarse como personas. Debajo de esa expresión está la propuesta de espiritualidad ignaciana del MAGIS, el no acomodarse en lo conocido, el ir más allá para darse intensamente a los demás, pero también el buscar sin descanso la mejor versión de uno mismo y de todos nuestros alumnos. Y todo esto en todos los ámbitos que nos competen, en el cristiano, el personal, el académico y el social.
Como yo decía al principio de este curso, esa búsqueda y esa creencia de ser los mejores nos abarca a todos, e implica que trabajemos unidos, en comunión, y caminando en la misma dirección. Nos haremos mejores y más grandes cuanta más confianza haya entre nosotros, porque la confianza crea lazos invisibles que fortalecen la unión que tenemos. Nos ayudan a tirar unos de otros cuando nos sentimos cansados o desanimados y muestran a nuestros alumnos, a nuestros hijos que somos uno sujetándolos de la mano cuando necesitan o soltándolos y caminado a su lado cuanto debemos hacerlo.
Y esa confianza construyó personas excelentes en lo personal y en lo profesional durante décadas, podríamos nombrar a mujeres conocidas y a otras anónimas que cada día cambian el mundo con su granito de arena, y ahora también sigue construyendo hombres y mujeres que destacan en los ámbitos en los que viven y desarrollan su profesión y se sienten orgullosos de haber cimentado su vida en los valores recibidos en su familia y en este colegio. Por ellos, por nuestros alumnos e hijos, sigamos soñando alto, entregando nuestro día a día a construirles como personas para hacer del muno un lugar más justo y humano.


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