A propósito del acoso escolar

En estos días, meses más bien, suena una lacra constante en los medios de comunicación: el acoso escolar, o "bullying". Realmente el hecho de conocer situaciones de sufrimiento de alumnos que conviven en los centros escolares y fuera de ellos con compañeros o conocidos que constantemente les insultan, ningunean, golpean o vejan de mil y una maneras, pone alerta a toda la sociedad. A mí, como madre y educadora me enferma cuando veo niños que causan un doloroso sufrimiento a otros, muchas veces sin ser del todo conscientes ni siquiera del daño hecho. Estas intolerables situaciones hacen saltar las alarmas principalmente de las instituciones educativas y se buscan culpables dentro de ellas cuando los casos más extremos saltan a los medios de comunicación visualizando algo que, como todo el mundo dice, siempre ha pasado. Ahora, sensibles a la protección de los menores por encima de todo, pero sobre todo intolerantes con cualquier tipo de violencia hacia niños, mujeres, grupos minoritarios, o personas vulnerables, la sociedad trata por todos los medios de buscar herramientas de protección ante esta situación. Desde las instituciones se construyen protocolos de actuación y medidas sancionadoras, pero sobre todo se trata en definitiva de buscar y apartar a los responsables de lo que sucede. Sería un poco injusto no decir que también se trata de potenciar aquellas acciones que tratan de mejorar la convivencia en las aulas como medida prioritaria y fundamental para eliminar el acoso y minimizar sus efectos, aunque no ha sido lo que ha ido por delante.
Par nosotros en el colegio en el que yo trabajo, eso sí es lo primero y nuestro programa Alumnos Ayudantes para la mejora de la convivencia ha sido noticia en estos días: varios medios de comunicación han querido poner una mirada positiva para luchar contra este problema y han visto en nuestra forma de involucrar a los propios alumnos en la detección de problemas y acompañar a los compañeros más solos, una forma de educar en la empatía, en la ayuda y la buena convivencia. Y en todos lo sitios donde nos han atendido (TVE, El Mundo, RNE, COPE, M80 Radio, Telemadrid) hemos dicho lo mismo: es importante involucrar a los propios alumnos porque los adultos no podemos conocer ni saber lo que ocurre en sus relaciones si estas no se evidencian, lo que ocurre en sus grupos de WhatsApp, en sus privados en Instagram o Snapchat, en sus grupos a la hora del recreo o en la plaza al salir. 
Pero además es un problema complejo que tiene el apellido de "escolar" únicamente porque ocurre entre niños y jóvenes en esa edad, en edad escolar, porque no sólo involucra a la escuela como lugar en la que ocurren cosas, sino que como se sabe ocurren tantos o más incidentes fuera de ella. Es complejo porque hablamos de niños y jóvenes en edad de crecimiento y formación, los acosados, los acosadores y los observadores que son tan importantes por lo que de público incitador tienen ante el acosador. Todos ellos están aprendiendo y creciendo y muchas veces repiten lo que ven o se están educando en soledad con juegos en Internet sin control, o no se les ha inculcado desde pequeños la necesaria empatía que nos ayuda a convivir y a ser personas en positivo hacia los otros. Es muy complejo porque con los adultos que estamos conviviendo con ellos comparten poco lo que viven.
No sería justo responsabilizar sólo a la escuela de no detectarlo a tiempo o de no poner todos los medios a nuestro alcance para evitarlo, porque hay una sociedad entera, "la tribu" necesaria para educar a nuestros hijos como dice José Antonio Marina, que también debe estar alerta y tener una responsabilidad. Hay unos padres que en muchas ocasiones no hablan suficientemente con sus hijos y no buscan ayudarles en sus dificultades personales, preocupados de otras cosas más sencillas de ver. Es fácil pretender que la escuela sea la que controle esta situación, como una tarea más a añadir a su abultada lista de responsabilidades hoy en día cuando también debe ser responsabilidad de los padres y el resto de la sociedad. Pensemos en ello: dejemos de preocuparnos, y ocupémonos de verdad de educar en la paz desde la familia a la escuela, pasando por la sociedad entera.




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