Crear tradiciones familiares únicas

Estamos ya inmersos en el tiempo de Adviento. Para todos, se acerca la Navidad. Es un tiempo que nos llena de ilusión y alegría, parece que hay en el aire una obligación de sentirse bien y hacer a los demás que se sientan bien. También es un tiempo de nostalgia y de recordar a los seres queridos que ya no nos acompañan, pero tratamos de hacerlo con cariño y con una sonrisa por todo lo que nos dieron.
También es un tiempo que para muchos va desprendiéndose de todo lo religioso que tiene, del misterio de fe que encierra. Va poco a poco transformandose en algo menos hondo porque vivimos en un mundo que navega en la superficialidad alejándose de todo lo que nos interroga y nos hace dudar en nuestras vidas. Pero los cristianos no podemos dejar en el olvido el sentido de la estrella de Belén anunciándonos que Dios eligió a una mujer sencilla y profundamente buena, entregada a Él para dar a luz a su Hijo y cambiar para siempre nuestro modo de mirarle y de mirarnos. No podemos olvidar que es el Niño que nace olvidado de los suyos en un establo, quien llena nuestros corazones de Esperanza, de la certeza de que un mundo mejor es posible.
Seamos más o menos religiosos, este tiempo de Navidad llena de luz y de una sincera alegría nuestras vidas, y buscamos la cercanía de los niños para sentirnos mejor y más ilusionados porque queremos que se nos contagie su inocencia. Todos recordamos desde nuestra infancia consciente, muchas tradiciones que hicieron de nuestras Navidades momentos inolvidables. Algunas especiales por cosas sencillas, y seguro que ninguna de las más entrañables tiene que ver con nada material. Al ponerme a pensar en las mías, me han venido a la cabeza 3 o 4 momentos que recuerdo con especial cariño. Uno de ellos fue la Navidad que compartimos en casa con una niña que no podía vivirla con su familia y se iba a quedar con las religiosas con las que vivía en el hogar de acogida; a pesar de que yo era pequeña, hay instantes imborrables de aquellos días en mi memoria.
Otro fue la primera Navidad que pasamos sin mi padre después de irse de casa, y recuerdo intensamente como mi madre se esforzaba en que no sintiéramos esa ausencia llenando todo el tiempo con recuerdos agradables y llenos de ilusión.
Y los demás, han sido después de ser madre. Todos los padres seguro que compartís conmigo que no hay nada comparable a la ilusión de nuestros hijos al ver las luces y adornos de Navidad en casa o en la ciudad, o al ver los regalos la mañana de Reyes al lado del zapatito que habían colocado la noche anterior. Mis hijas han vivido siempre la Navidad como un regalo lleno de momentos en familia, divertidos y muy emocionantes (como cuando una noche les visitó Melchor), y como un tiempo sagrado para sentirnos queridos todos y dar cariño a otros. Ellas, igual o más que yo, cuidan que las tradiciones que compartimos en famillia no se pierdan y son las que nos empujan a nosotros a seguirlas ahora que se van haciendo mayores. Con ellas no sólo hemos continuado tradiciones familiares o religiosas, sino que hemos creado otras propias que nos gusta repetir cada año.
Muchas de las tradiciones que hemos ido creando en familia se nos ocurrieron en algún momento y se quedaron ya con nosotros, y otras fueron casuales pero nos hicieron sentir bien y alegres, y en nuestra casa la alegría es un valor fundamental.
  • Cada año ponemos juntos el árbol y el Nacimiento junto con el resto de adornos la primera semana de diciembre. Empezamos juntos, aunque poco a poco me quedo sola poniendo la última pieza y sin saber donde fue el resto
  • Tenemos un calendario de Adviento que nunca comenzamos el 1 de diciembre (imposible, nunca me da tiempo). Ahora eso sí, es casero; eso lo aprendí de mi madre en aquel año difícil. Pones tanta ilusión en poner una sorpresa en cada día como ellas en levantarse cada mañana a ver que hay.
  • Simepre en la carta de Reyes debemos incluir algo que no sea para nosotros, sino que haga felices a otros: un regalo solidario, o hacemos de Magos de niños que están solos.
  • La noche de Nochebuena, a las 12 en punto, "aparecen" los Niños Jesús de los Belenes de la casa de pronto; aún ahora se emocionan como cuando tenían 4 o 5 años...
  • Esa noche Jesusito deja a los niños de la casa un pequeño regalo: un libro. Siempre. Y sólo a los niños. No creais que a todas mis hijas les gusta leer pero tratamos de empujarlas un poquito.
  • Para estrenar el año nuevo, subimos juntos a la sierra de Madrid, si hay nieve para lanzarnos bolas y construir un muñeco, y si no, andamos un poco por las montañas
  • Y desde la mañana del día 5 que empezamos viendo las carrozas que esperan el comienzo de la cabalgata de los Reyes Magos de Madrid, pasando por una tarde de cabalgata, y por una noche en que las tres duermen juntas (aunque no se si dormir es lo que hacen la mayor parte del tiempo) y a las 8 de la mañana nos despiertan a su padre y a mí para entrar en el salón donde los Magos han dejado regalos para todos y han tomado sus vasos de leche y galletas. 
Este es un tiempo maravilloso para compartirlo con nuestros hijos. Creemos todos nuestras tradiciones y pongamos en los niños la semilla de lo que es la verdadera Navidad: un tiempo de Esperanza y Amor para todos. Sólo pueden aprenderlo de nosotros, no perdamos esta oportunidad de crecer con ellos. 


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