Lo que quiero compartir
Querría contar muchas cosas (mi familia diría que cuento demasiadas) pero no trato de ser especialista de nada. Me dedico al mundo de la educación, y me apasiona desde siempre; quizás eso es lo que me ha traido hasta aquí, pero no voy a escribir un blog sobre eso. Hay grandes expertos en el mundo de la educación a los que respeto y sigo con interés. Sir Ken Robinson, del que os recomiendo cualquiera de sus libros, Richard Gerver, al que oirle en directo es una inyección de ilusión por mejorar, o Francesco Tonucci, que decía recientemente que lo importante no son las leyes sino los buenos maestros, son personas que nos hacen renovar la ilusión por la maravillosa tarea de educar en un mundo muy diferente del aquel en el que nos educaron a nosotros. También tengo queridos compañeros de camino que me dan cien vueltas en esto, os recomiendo sus blogs: Juanfratic, premiado como blog de reflexión educativa, y educACI, lleno de prácticas educativas innovadoras desde la pedagogía del corazón.
¿Y como llegué a esta pasión que es la educación? Pues no sé muy bien cuando empezó: si fue cuando ya de muy jóven tenía muy claro que mi vocación en la vida era ser madre, o después de darme cuenta de que aunque me apasionaba el espacio, era muy difícil que mi sueño de ser astronauta pudiera cumplirse. Nunca fui de esas niñas que jugaba a ser maestra pero finalmente descubrí que a pesar de mis estudios de astrofísica lo que realmente me apasionaba era esa relación que tenía con mis alumnos de clases particulares, y la necesidad de tratar de colaborar con la tarea reparadora del mundo que la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús llevan a cabo desde la educación y otras misiones maravillosas, con una entrega increible (su ong Proacis, por ejemplo).
Y 22 años después de comenzar en este camino, y a pesar de las dificultades, lo que me mueve a ser cada día mejor son mis alumnos. No hay otra cosa. Y saber que el camino por el que les has acompañado, con más o menos acierto, con más entrega a los que más lo han necesitado, pero con un infinito cariño a todos, les ha ayudado a ser mejores personas y a conseguir la mejor versión posible de ellos mismo. Sólo eso, todo eso. Por eso quiero dedicar mis reflesiones a los valores que les han hecho crecer a ellos y a mí. Seguro que son los que os han ayudado a vosotros también.

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